el mejor truco para adelgazar, engañar a tu mente

Lo primero que pensamos a la hora de perder peso es que debemos hacer dieta y por supuesto ejercitarnos
más, ya que solo cuidando nuestra alimentación y manteniéndonos activos lograremos prescindir de esos
kilitos que estan de más.

la cabeza influye y mucho a la hora de perder peso, pero puedes recurrir a sencillos trucos psicológicos que te serán de gran ayuda para conseguir tu objetivo.

Engaña a tu mente, juega con ella para evitar comerte ese plato de más, o huir de esa pereza que
consigue que no vayas a dar una vuelta con tu bicicleta o vayas a correr. Está claro que si te
quedas sentado en el sofá de tu casa pensando en que quieres perder peso, no lo conseguirás.
Se trata de que utilices estos trucos psicológicos para cuestionar las cosas que harán que te
desvíes de tu meta.

Piensa Antes de Masticar

Todos tenemos antojos, eso está claro. Ver una bolsa de patatas fritas a media mañana o mientras
estás viendo una película y no sentir la tentación de comértela es realmente difícil. Pero lo que
tienes que hacer es preguntarte si de verdad merece la pena comerse esa bolsa.

Si lo sustituyeras por un alimento más saludable podrías comer mucho más de él y seguro que tendría
menos calorías, así que reflexiona sobre eso. Además ¿realmente necesitas comerte esa bolsa de papas?
¿O esas galletas de chocolate? Si tu objetivo es adelgazar, piensa la respuesta antes de masticar.

No Hace Falta Terminar el Plato

Por norma general, nuestros padres nos han educado para que cuando comamos dejemos los platos limpios
y no desperdiciemos la comida. Es un valor estupendo que hace falta inculcar en los más pequeños.

Pero ¿te acuerdas de la otra parte del sermón? Esa que nos decían cuando empezábamos a darle vueltas a
la comida… la de “si no te comes ahora el plato lo tendrás para cenar”.

Pues bien, un buen truco para adelgazar puede estar basado en aquellos sermones que nos daban de
pequeños. Si tienes un plato repleto de comida y no puedes más, no hace falta que te lo acabes.
Siempre puedes guardarte una parte para cenar, y así conseguir que esa comida no se convierta en
copiosa y excesiva.

No Tengas Alimentos Tentadores a tu Alcance

Si no quieres caer en la tentación, lo mejor es que no la tengas. Si sabes que tu debilidad es el
chocolate, las galletas o las patatas fritas la solución más eficaz y fácil pasa por no comprarlas.
Al ver que estos productos no están en tus armarios de la cocina, estarás poniendo distancia para
evitar comértelos.

Nunca Compres Cuando Tengas Hambre

Si tienes hambre evita ir a comprar, porque tu cesta de la compra no estará hecha desde un razonamiento
lógico y práctico, sino que será tu estómago y tus ansias por comer, quienes habrán decidido por ti.
Además, dada su disposición en el supermercado, los alimentos que más comprarás no serán precisamente
frutas y verduras, sino más bien productos con altas dosis de glucosa, que como imaginas no te ayudarán
a conseguir tu objetivo de perder peso.

Degusta lo que Comes

A veces cuando comemos y nos distraemos viendo una película o hablando con alguien, realmente comemos por comer muchas veces. No tenemos hambre, y comemos mucho más de lo que necesita nuestro cuerpo, pero lo hacemos porque no somos conscientes.

Si cuando comes degustas la comida y le prestas atención al plato o aperitivo que te estás comiendo,
seguro que te das cuenta de que no hacía falta comer tanto para sentirte saciado. Otro truco que puede
ayudarte también es racionar los aperitivos, así controlarás las cantidades que comes.

Sustituye Tus Antojos por Alimentos Más Sanos

Encontrar una alternativa saludable a los alimentos que se nos antojan y suponen un cúmulo de calorías
para nosotros, es posible. Depende del sabor que busques puedes escoger unos alimentos u otros. Si te
apetece dulce por ejemplo ¿no crees que será mejor comerse una pieza de fruta, o incluso dos, que un
paquete de galletas con chocolate? Además, piensa que las frutas, al igual que las verduras,
te proporcionarán muchos otros beneficios que un producto industrial no hará.

La Vajilla es Importante

Utiliza platos más pequeños. Puede parecer algo absurdo, pero si lo hacemos la misma cantidad de
comida llenará el plato haciéndonos creer que está repleto, mientras que si la misma porción la
ponemos en un plato más grande, al verlo medio vacío nos dará la sensación de que no hemos comido
casi nada y lo más probable es que acabes levantándote para rellenarlo.

Con los vasos hay que jugar de otra manera. Si lo que vamos a beber no es agua, sino una bebida
calórica, lo mejor es que lo hagamos en vasos altos y no muy anchos, porque aunque contenga la misma
cantidad que otro vaso bajo y ancho, nos dará la sensación de que cabe más. Así evitaremos volver a
rellenarlo y duplicar la cantidad de calorías.

Cuida tu Dieta, pero Date Algún Capricho También

Lo peor de una dieta son las restricciones y las prohibiciones. Por eso, más que recomendar una dieta
estricta, lo ideal es intentar mejorar nuestra alimentación comiendo alimentos más sanos y variados.
Si lo haces así, verás como no te hace falta ponerte restricciones severas. Tú mismo te darás cuenta
de lo que es prescindible de tu dieta y aquello que no lo es. Eso no quita que de vez en cuando te
des algún capricho para saciar tus antojos, siempre que no se convierta en algo habitual claro.

Si tienes hambre  Come Manzanas

Dicho así puede que suena radical, pero si quieres saber si de verdad lo que tienes es hambre y no gula,
pregúntate ¿Me comería una manzana para saciar esa hambre? Si tu respuesta es sí, entonces sí que tenías,
pero si es un no, es la gula la que habla por ti.

Prepára una Lista de Tareas para Distraerte

Una pequeña lista con tareas que hacer para cuando te entre el gusanillo puede ayudarte a evitar que
abras la nevera y acabes comiéndote ese trozo de chocolate que no te hará ningún bien si tu objetivo
es adelgazar. Haz ejercicio, recoge la casa, habla con un amigo… mientras estés ocupado no te darás
cuenta de que te ha entrado hambre.